Purgatorio


 

  ¿Aún dura el efecto de la borrachera? Aunque no me duele la cabeza ni tengo mal el estómago…  A ver si consigo levantarme. ¡Pero qué pereza! No quiero abrir los ojos aún. Este bamboleo es agradable. ¿No he leído en alguna revista que lo de acunar a los bebés es porque tiene un efecto relajante? Sí que relaja; podría quedarme así para siempre. Quizá sería lo mejor, no despertar nunca más.

  Tengo que levantarme. Venga, tengo que acabar el estúpido discurso. ¡Dios, qué golpe! Pero, ¿qué diantres hace el techo tan cerca de la cama? Esta no es mi casa. ¿Dónde coño…? Oh, este olor… Me recuerda, me recuerda… A charlas en la toalla, a zambullidas en las olas, a un beso salado. ¿Estaré cerca del mar? ¡Tengo que verlo!

  Ahí está… Qué maravilla, todo azul, todo agua y cielo. Y qué silencio. Mucho mejor que el paisaje de edificios y carreteras y gente con prisas y bocinas exaltadas y ruido de motor.

  Hablando de motor, este barco, ¿de quién será? No parece haber nadie más aquí. Quizá debería irme, no sé ni qué hora es. Debería dejar de beber. En menudo lío me he metido. A ver cómo llego a casa ahora.

  Aunque en casa me espera… y esto en cambio es tan hermoso…

  Quizá me quede un rato más.

 

Mónica Prádanos