Metamorfosis

 


  Sintió el calor antes de que sus compañeros echaran a correr. Él alzó la cabeza emplumada y negra y vio el fuego más allá. Al menos, parecía fuego, aunque sus llamas tenían color violáceo. Se movía con gracia hacia el cielo y, cada vez que devoraba un nuevo árbol, se elevaba aún más, acercándose a las estrellas.

  El urogallo echó a correr. El calor se hizo más fuerte, le dolían las plumas y los ojos le ardían. Corrió hasta introducirse en aquel fuego extraño. «Llévame hasta las estrellas», le pidió.

  El dolor le cegó un instante y, al momento siguiente, salió volando sobre el bosque. Las plumas se habían convertido en escamas, sus dos patas eran ahora cuatro garras, y de su nuevo hocico con dientes descubrió que salía fuego.

  Fuego violeta.

 Mónica Prádanos