La salida


 

  Vio la orden de desahucio y su libro de cuentas. En rojo. Los cogió, los alzó por encima de su cabeza y los estampó contra el suelo.

  Entonces bajó al trastero. Abrió un baúl cubierto de polvo, sacó el vestido azul y se lo puso allí mismo. Le quedaba muy justo y corto. Sobre él, ató el delantal blanco. Luego, las medias; después, los zapatos negros.

  Salió del bloque de pisos y cogió su coche. Condujo hasta un pueblo pequeño, rodeado de bosque, y allí aparcó. Se internó entre los árboles y caminó durante horas.

  De pronto, cuando el sol ya alargaba las sombras, un conejo se cruzó en su camino. Ella lo siguió, salto a salto.

  Hasta que el suelo se abrió bajo sus pies. Cayó y, en el descenso, sonreía.

 

Mónica Prádanos