Ella, solo ella

 


Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer. Mientras me tiende la vuelta, me sonríe. El roce tenue de sus dedos al darme las monedas es, una vez más, cálido. “Hasta la próxima”, dice con alegría. A mí no me salen las palabras ante tal propuesta de nueva cita. Solo atino a sonreír y agacho la cabeza mientras me alejo, para que no vea el rubor de mis mejillas. Cuando llego a casa, voy directo a ese cuarto. Su cara sonriente está por todas partes. Acaricio el papel fotográfico y la beso deseando que sea mía.

 Mónica Prádanos