Statu quo

 


Inflo un globo tras otro y pienso en ese aire al que estoy enjaulando en una cárcel de caucho. Las partículas más rebeldes estallarán para liberarse. Las menos aguardarán a que alguien pinche el globo, o languidecerán si nadie lo hace.

El arco ha quedado perfecto. Los globos amarillos en la base, seguidos de naranjas, luego rojos, después los violetas y, en la parte más alta, los azules. Si alguno estalla, mi labor es encargarme de reponerlo. No deben existir imperfecciones.

Yo habría elegido otros colores y otra distribución. Pero esa no es mi labor. En el conjunto de la empresa, como en el de este arco, tampoco ha de haber imperfecciones.

Los globos que estallan, a fin de cuentas, son sustituidos.

Mónica Prádanos