Intrusos


 

Después de tomarse una taza de té de raíz

acompañada con pastas de lombriz,

el topo asomó la cabeza

por el agujero de su madriguera.

El olor a humo y el ruido

hicieron que arrugara el hocico.

Hacía mucho tiempo

que no salía a tomar el fresco.

Pero tuvo que volver bajo tierra, refunfuñando:

—Otra vez a mudarse, ¡qué fastidio estos humanos!

 

Mónica Prádanos