Cenizas y llamas

 


            Me resulta relajante ver cómo los pliegos de papel se arrugan y se oscurecen al ser acariciados por las llamas. Las letras de ampulosa caligrafía desaparecen, y eso me fascina. Desaparecen así las mentiras ocultas bajo la forma de promesas bellas, incumplidas. Desaparece el amor que te resultaba tan sencillo escribir pero imposible transmitir. Tan falso era. Cuando la última de las cartas se ha convertido en cenizas, veo en ellas un reflejo de lo que realmente tenías para mí.

            Doy media vuelta, me tumbo en la alfombra mullida que hay frente al fuego. Acaricio el hombro desnudo, beso el cuello y después la mejilla de quien, ahora sí, tiene llamas en su mirada, en sus dedos; todo él arde.

            Ardemos juntos.

 

Mónica Prádanos