Tinta de calamar, papel de alga



Al que lee esta carta:
esté al norte o al sur,
tenga oro o tenga plata,
un mendrugo de pan
o en el bolsillo nada,
de igual modo podrá
ayudar a esta dama.
Y en recompensa juro
invitarlo a mi cama,
la que todo hombre busca
y no todos alcanzan.
Pierda miedo, buen hombre,
no entrarán aquí dagas,
pues el favor que quiero
es fácil, casi nada.
Primero, y esencial,
es que baje a la playa,
mas no ahora, espere
a que el día se vaya.
Una vez en la orilla,
camine al agua calma.
Sin premura y tranquilo
siga la voz que le habla.
Nade hasta que se canse;
es lo que me hace falta.
Y deje al cuerpo hundirse;
lo acunará su dama.
No quiero que se asuste
ante tan triste hazaña
mas desde aquí le advierto
que no podrá evitarla.
Lo escogí para ser
una más de mis almas.
Saluda con amor,
la mar que está salada.

Mónica Prádanos