El Gran Gigante Bonachón, de Roald Dahl (Opinión)



Una historia que tiene un poco de todo: momentos de risa, cosas que hacen reflexionar, un toque del terror de Roald Dahl, magia, aventura y sobre todo un regusto tierno.
Aunque en este libro los gigantes en general dan miedo (¡se comen a personas, incluidos niños!), Roald Dahl ha creado a Bonachón, un gigante bondadoso y genial con un modo peculiar y divertido de hablar. Para mí el Gran Gigante Bonachón es sin duda un personaje entrañable y al que recordaba con mucho cariño (sentimiento que esta relectura ha reavivado).
Sofía, la niña, tiene un papel imprescindible en la historia, pues es quien tiene la idea de acabar con los gigantes y quien hace algo esencial para el desenlace de la historia. El Gran Gigante Bonachón es una historia, como lo son muchas, si no todas, las de Roald Dahl para niños, en la que estos demuestran que aun siendo niños pueden hacer grandes cosas. Aunque personalmente creo que este personaje queda claramente eclipsado por Bonachón, es cierto que es muy importante también y muy bien creado.

Me encantan las palabras erróneas o raras de Bonachón. Por ejemplo popotes (hipopótamos) hizo que me partiera de risa, por ejemplo. Otras que me han encantado son: simisumisantiamén, husmiquifisgui, blubluburbujitas, reinocirontoses, supercaldisustancioso, piripiprisisa y cosquiriquillas. Creo que estos juegos con el lenguaje gustan a los niños, les hacen reír y además los acercan más al personaje, al verlo como un adulto que se confunde con las palabras. Creo que es algo que hace que sientas más cariño por el personaje.
Lo de los popotraques (pedos) es algo con lo que conectarán los niños, pues ellos también lo ven como algo natural y divertido. Roald Dahl libera en sus cuentos a los niños de las normas estrictas del mundo adulto, y esta, creo es una de las cosas que hacen tan apetecibles a sus lecturas, no solo para los niños sino también para los adultos.

Hay otras dos cosas que me han gustado mucho en esta historia. Una de ellas es la idea de un lugar en el que surgen los sueños y que un gigante va repartiendo sueños buenos a los niños. Me parece una concepción preciosa.
Y la otra cosa que me ha gustado mucho es algo que comenta Bonachón: los gigantes no se matan entre sí, mientras que los guisantes humanos sí lo hacen. Es algo que hace reflexionar sobre la maldad de los gigantes y la bondad de los humanos, que quizá no son tan blanco y negro.

Definitivamente, este libro es tanto para niños como para adultos (con alma de niño, mejor, para disfrutar de todo).

Puntuación 5 / 5


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