La isla de Bowen, de César Mallorquí (Opinión)


La isla de Bowen me sumergió en la aventura de tal manera que en ocasiones dudaba que lo que estaba leyendo no hubiera sucedido de verdad. Me recuerda a Verne y sus aventuras por tierras recónditas e inexploradas. Esta historia comienza con el misterioso descubrimiento de unas piezas de metales imposibles en 1920 (cuando tiene lugar la historia), como el titanio puro, que encontró un monje llamado Bowen en la Edad Media. Por si eso no fuera suficiente, el monje hablaba de que un demonio, Aracne, habitaba en una isla boscosa cercana al mismísimo polo Norte. Con esta premisa, el viaje que inician los protagonistas no puede ser menos que interesante.

La historia tiene un ritmo muy bien logrado, con momentos de mucha tensión y momentos más tranquilos, si bien incluso en estos hay cierto suspense, pues a nuestros protagonistas los persigue un grupo liderado por un magnate muy interesado en los metales imposibles. Además, a medida que descubrimos cosas aparecen también nuevos interrogantes, con lo que la intriga aumenta.

En cuanto a los personajes, me gusta mucho el profesor Zarco. A menudo me llevaban los demonios con sus comentarios machistas, pero la época en que está ambientada la novela es la que es. Me gusta porque tiene una personalidad muy fuerte y, sobre todo, contradictoria. Me refiero a que es un personaje con claroscuros, y eso le hace ser un muy buen personaje. Hace cosas que no están bien, pero te dejan con la mosca tras la oreja: ¿y si no hace eso, qué? Me pareció muy buen personaje.
Otro personaje muy interesante es Lady Elisabeth, una mujer sufragista en la que Zarco encontrará la horma de su zapato.

En definitiva, una aventura que me atrapó y que me hizo disfrutar mucho. Un libro que hace que me reafirme en mi gusto por las obras de César Mallorquí. 


Puntuación 5 / 5

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