Me publican, ¡me publican!, ¡ME PUBLICAN!


            Por fin puedo dar la gran noticia. ¡He firmado un contrato para la publicación de mi novela El secreto de la Guardiana! 😄 Desde que recibí la noticia, siento que tengo una gran sonrisa permanente en la cara. Todas las horas empleadas en la escritura (y corrección) de esta novela han logrado el propósito de, si no todos, al menos la mayor parte de los escritores: la oportunidad de llegar a los lectores.

            Pienso o, más bien, me ilusiono pensando que pronto habrá personas desconocidas que leerán esta historia y, de ese modo, algo de mí habrá llegado a ellas. Quizá les llegue alguno de los mensajes que deseo lanzar con esta novela, quizá les lleguen todos o, ojalá, descubran en ella algo que ni siquiera yo había pretendido crear.

            Estos días también me he recordado varias veces por qué escribo, por qué es para mí tan importante este nuevo paso para mi historia. Porque, cuando un libro es publicado y otros lo leen, el escritor queda a merced de ellos. Una novela siempre desnuda en parte a dicho escritor, saca a la luz algo íntimo de él, lo expone al público. Lo expone a la crítica. «¿Mónica, estás preparada para la crítica? Pero no para la crítica positiva o la crítica constructiva, no. Me refiero a si estás preparada para la que puede llegar, incluso, a ser cruel». Eso me he preguntado varias veces. Y me he dicho: «No soy de piedra pero sí, estoy dispuesta a aceptar esas críticas». Porque la razón de que escriba no es gustar a los demás, sino expresar lo que tengo dentro, crear algo que solo vive en mi interior. Y compartirlo.

            Y, quizá, ojalá (porfavorqueasísea), haya alguien a quien eso que saco de mí y que comparto con otros le haga sentir, aunque sea un poquito, lo que a mí me han hecho sentir decenas de libros que considero parte fundamental de mi vida, de quien soy.



            Detrás de esta emoción, no quiero olvidar que todo esto es fruto del trabajo: de un tesón que te hace coger tantos libros de escritura creativa como encuentras en la biblioteca; de unas ganas de aprender que hacen que te quieras apuntar a este curso, y a este, y (¡eh, a ese no me he apuntado!) a otro más, aunque ya estés saturada de trabajo y de estudios; de una constancia que empieza proponiéndote escribir un día semanal y acabas por querer escribir cada día.

            Pero no todo es trabajo (no, el secreto está en secuestrar una musa y obligarla a que te ayude TODO el tiempo 😜 Ni caso a esta pobre demente). No, también hay otras dos cosas muy importantes: el entusiasmo y el apoyo. Si no disfrutas, si no te ilusiona, si no te apasiona escribir, entonces es complicado realizar esa cantidad de trabajo descomunal que requiere la escritura (no digamos si, además de escribir, llevas un blog y un canal de YouTube). Y, si los de tu alrededor no te apoyan, ese trabajo puede llegar a hacerse muy cuesta arriba. No hace falta que les encante lo que escribes, quizá ni siquiera te lo leen, pero te animan a que sigas escribiendo, y eso, solo eso, ya marca la diferencia. Cuando, además, te leen, te hacen críticas que te ayudan a mejorar y te escuchan hablar sobre las idas de olla de las historias que tienes en mente (con el consecuente peligro de que les explote a ellos también alguna neurona), entonces ya, bueno, eso ya es estar en el paraíso. En cualquier caso, ambas cosas son, desde mi punto de vista, esenciales para no tirar el lapicero.



            Reflexiones aparte, estoy muy emocionada, con unas ganas de ver y tocar el libro tan grandes como toda la ilusión que me puede caber dentro. Ya os iré contando, a medida que pueda, más detalles. Porque no puedo contenerme, tengo que contarlo o reviento.


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